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La historia detrás de 30 años de innovación que un terremoto puso a prueba

La historia detrás de 30 años de innovación que un terremoto puso a prueba
En junio de 2026, dos fuertes terremotos sacudieron Venezuela con pocos segundos de diferencia. La Guaira fue una de las zonas más afectadas, donde se encontraron edificios colapsados y graves daños en la infraestructura. En medio de esas noticias, Felipe Otoya recibió una llamada que lo llevó treinta años atrás, al momento en que comenzó la historia de Forsa.

Un cliente venezolano le contó que un proyecto de vivienda construido con su sistema había soportado los terremotos sin presentar daños estructurales importantes, mientras otras edificaciones cercanas habían resultado seriamente afectadas. No significa que una formaleta haga indestructible un edificio, pues en un sismo intervienen el diseño, el acero, el concreto, el suelo y la calidad de la construcción, pero sí mostraba algo que Forsa llevaba décadas perfeccionando: una forma industrializada de construir paredes estructurales de concreto.

La historia comenzó mucho antes

A mediados de los años noventa, Rodrigo Otoya, hermano de Felipe, tenía junto con unos socios una constructora de vivienda de interés social en Cali. Construir vivienda les estaba resultando difícil y los costos no les cuadraban, así que comenzaron a buscar alternativas. Mientras ellos investigaban sistemas en Estados Unidos, Felipe Otoya, ingeniero mecánico y empresario colombiano, conoció durante un viaje a Europa una solución que utilizaba moldes metálicos para construir paredes completas de concreto (formaletas).

La idea era sencilla de entender, en lugar de levantar una pared ladrillo por ladrillo, se armaban paneles que funcionaban como un gran molde. Dentro se instalaba el refuerzo y se vertía el concreto. Una vez fraguaba, los paneles se retiraban y podían reutilizarse. Así era posible construir paredes y losas de manera repetitiva, más rápida y precisa, haciendo que los muros formaran parte de la estructura misma del edificio.

Pero traer la idea no bastaba.

Los primeros diseños tuvieron que ser modificados casi por completo para adaptarlos a los materiales, los procesos y las condiciones de construcción colombianas. Esa capacidad de tomar una solución que funcionaba en otro lugar y transformarla para que funcionara aquí terminó convirtiéndose en una de las características de la compañía.

En 1995 nació Formaletas de Colombia, que más adelante se convertiría en FORSA. Poco después instalaron su operación en el norte del Cauca, una región que venía de sufrir la tragedia del río Páez de 1994. Para impulsar su recuperación, el Gobierno creó mediante la Ley Páez incentivos tributarios para atraer inversión y nuevas empresas. FORSA fue una de las industrias que decidió instalarse allí.

La planta se ubicó en Guachené, una población que años después Colombia conocería también por ser tierra de futbolistas como Yerry Mina y Dávinson Sánchez, ambos defensas de la Selección Colombia. Cuando FORSA llegó, sin embargo, no existía en la zona una mano de obra especializada en una tecnología semejante. La empresa tuvo que formar a sus propios operarios, enseñar procesos industriales y desarrollar conocimiento junto con las comunidades cercanas. La fábrica terminó convirtiéndose también en una escuela.

Crisis de la UPAC

Cuando el negocio comenzaba a crecer llegó uno de sus momentos más difíciles. A finales de los años noventa, Colombia atravesó la crisis del UPAC, el sistema que durante años había servido para financiar buena parte de los créditos de vivienda en el país. Las tasas de interés aumentaron, muchas familias tuvieron problemas para pagar sus créditos hipotecarios y la construcción de vivienda se frenó fuertemente. Para una empresa que acababa de invertir en una planta y dependía de las constructoras colombianas, el golpe era enorme.

Felipe reunió a sus socios y les planteó dos opciones: por un lado, cerrar, pagar las deudas y terminar la historia o, por otro lado, salir a buscar clientes fuera del país. Todos eligieron la segunda.

Con unos catálogos debajo del brazo comenzó a viajar por América Latina visitando constructores y explicando un sistema que prácticamente nadie conocía. Él mismo recuerda que se quedaba en hoteles donde “la única estrella era él”. En 1998 llegó la primera venta internacional, en Guatemala.

Después vino México, donde Forsa encontró un mercado que necesitaba construir vivienda a gran escala y rápidamente se convirtió en uno de los protagonistas del sistema de paredes de concreto. Más adelante apareció Brasil, pero allí el reto fue distinto. El mercado prácticamente no conocía esta tecnología y no bastaba con mostrar lo que había funcionado en Colombia o México: había que demostrar técnicamente que el sistema cumplía con sus condiciones, reglamentaciones y exigencias de seguridad.

La presión del mercado brasileño obligó a Forsa a desarrollar nuevas soluciones. Trabajaron con ingenieros, constructores y especialistas locales, realizaron pruebas y fortalecieron sistemas de seguridad para las obras. Ese proceso terminó impulsando nuevas innovaciones y varias patentes. Muchas de esas mejoras desarrolladas en Brasil serían útiles años después para entrar a un mercado todavía más exigente. Ese mercado era Estados Unidos.

Ahí estuvimos nosotros, Mentes a la Carta. El error habría sido asumir que, porque Forsa ya vendía en decenas de países, bastaba con llevar exactamente el mismo producto y repetir la fórmula. En lugar de entrar a ciegas, entrevistamos a más de 16 actores del mercado estadounidense, hicimos un diagnóstico completo y de ese trabajo surgieron ideas para adaptar el producto a un mercado que, en la práctica, era totalmente distinto a los anteriores.

Esa experiencia resume muy bien lo que hacemos en Consultoría a la Carta. Cuando una empresa quiere entrar a un mercado que no conoce, no empezamos tratando de imponer una respuesta. Primero entendemos el reto, hablamos con quienes conocen el terreno y conformamos el equipo de expertos adecuado para encontrar la mejor manera de entrar.

Buena parte de la historia de Forsa puede explicarse precisamente así. Felipe Otoya construyó una cultura en la que los problemas difíciles no se evitan, sino que se entregan a la gente correcta y se confía en que encontrará cómo resolverlos. Colombia los obligó a adaptar el producto; la crisis del UPAC, a internacionalizarse; Brasil, a innovar en seguridad; Estados Unidos, a cambiar nuevamente.

Por eso, cuando años después un terremoto puso a prueba construcciones hechas con ese sistema, no se trataba simplemente de un golpe de suerte, porque detrás había tres décadas de adaptación, ingeniería y aprendizaje.

Si tu empresa está por entrar a un mercado que no conoce, hablemos antes de que lo intentes a ciegas. En Consultoría a la Carta armamos el diagnóstico y el equipo específico para el reto de tu expansión. Cuéntanos a qué mercado quieres entrar y construyamos juntos la mejor forma de hacerlo.