Impactos del Cambio Climático

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Hace unos doce mil años, en el Holoceno, la estabilización y mejora del clima hizo posible el desarrollo de la agricultura, y como consecuencia, la construcción de las primeras ciudades, las civilizaciones, la ciencia y la tecnología y el progreso económico y social del que ahora disfrutamos. Y precisamente ahora todo ello está en peligro por otro cambio climático. Pero esta vez no natural sino desencadenado por el hombre. El cambio climático antrópico actual amenaza con la desestabilización y colapso de sistemas productivos básicos y de estructuras socio-económicas cruciales. Y todo ello debido a la alteración química de la atmosfera que implica la alteración de los parámetros climáticos y de sus interacciones de retroalimentación con los ecosistemas terrestres. El actual nivel de bienestar y de progreso, al menos en algunas partes del planeta, tiene su tendón de Aquiles en las consecuencias del inmenso tonelaje de gases con efecto invernadero que continuamos emitiendo a la atmosfera desde hace más de dos siglos. Se trata de una amenaza global sin precedentes en la historia de la humanidad. Podemos decir que el cambio climático es el mayor reto social, económico y ambiental del siglo XXI. En muchos aspectos nos enfrentamos a problemas de consecuencias todavía desconocidas e impredecibles cuyo control necesitará del conocimiento científico y de nuevas e innovadoras respuestas y de formas más inteligentes de relacionarnos con el medio natural. Se trata de un problema global, pero con distintos grados de impactos y consecuencias locales. Según la mayoría de los informes internacionales de evaluación del cambio climático, incluido el IPCC (Panel Intergubernamental de Asesoramiento al Convenio de Lucha contra el Cambio Climático) y de otros informes y estudios, la península ibérica es una de las regiones especialmente sensible y vulnerable a sus efectos y consecuencias. Ello obliga a la elaboración de medidas y estrategias eficaces e innovadoras de mitigación y, sobre todo, de adaptación de dimensión local. Este aspecto es importante. La interacción global/local origina efectos perversos de la tendencia de calentamiento global. En España, sin duda, hemos de contribuir a la mitigación planetaria del problema, pero prioritariamente hemos de protegernos de las consecuencias en nuestro territorio de actuaciones improcedentes de otros países o zonas geográficas. En nuestro país podemos legislar para tener autobuses eléctricos en el transporte público y otras muchas medidas similares, pero eso no nos librará de sequias, inundaciones, aumento de incendios forestales, inestabilidad del territorio, disminución de recursos hídricos, reducción de la producción agraria y un inexorable tránsito hacia un territorio progresivamente más árido e inhóspito. Por ello las medidas de adaptación proactivas y preventivas han de ser prioritarias y es ahora cuando deben diseñarse e implementarse. Una atmosfera químicamente alterada no entiende de problemas administrativos, legislaciones o competencias geográficas ni plazos. Es indiferente e implacable y actuará en la dirección que el actual experimento humano le está marcando. Se impone una nueva visión y cambio de rumbo en nuestro modelo energético, en la gestión realmente sostenible de nuestros recursos y en la interacción con el medio natural. En muchos aspectos no podemos seguir haciendo las cosas de la misma forma que hasta ahora porque ello nos conduciría a un desastre anunciado en términos socio-económicos y ambientales. En este cambio de rumbo, la innovación, los nuevos planteamientos y las soluciones creativas han de jugar un papel crucial, y en él, las distintas administraciones de nuestro país deberían ser un importante agente impulsor. Uno de los aspectos clave en el funcionamiento de los entornos mediterráneos es la interacción suelo-clima. El suelo y la atmosfera interaccionan permanentemente intercambiado humedad, gases, compuestos y flujos de energía. El suelo evoluciona adaptándose y oscilando ante los cambios de los parámetros climáticos y, por su parte la atmosfera recibe la influencia del funcionamiento y procesos del suelo. Nuestro país, como el conjunto de la cuenca mediterránea, se encuentran afectados por una tendencia general de aridificación climática que implica el incremento de los riesgos de desertificación. Esta grave amenaza obliga al desarrollo de estrategias de lucha y control con la diligencia y liderazgo que las consecuencias del desafío climático exigen. España jugó un papel relevante en la elaboración del Convenio de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (1994) y en conseguir la aprobación de un Anexo especial para incluir la problemática europea mediterránea. Sin embargo, no se adoptaron medidas eficaces de lucha, ni se ejerció una actividad significativa en lograr mejor consideración a la problemática de cambio climático. No obstante, se tiene ahora una nueva oportunidad de influir en Bruselas para conseguir mayor atención a las consecuencias del cambio climático. Ello se sitúa en el marco de las nuevas y ambiciosas iniciativas que la Comisión está actualmente preparando, tales como “The EU Green Deal”, el nuevo Programa de Acción Ambiental o la Agenda 2030. Es ahora el momento de actuar, luego será tarde. En este contexto, el ciclo del carbono orgánico en el suelo y la protección del territorio son factores esenciales y estratégicos en el necesario cambio de paradigma. Este cambio incluye la protección y el reforzamiento de la capacidad reguladora del suelo en la lucha contra el cambio climático, en el aumento de la producción agraria a través de una agricultura más ecológica y en la protección de los recursos del territorio y de sus funciones ecosistémicas y biodiversidad. El futuro está abierto y podemos elegir y optar por oportunidades de mejora o no actuar y sufrir las consecuencias. En la presente conferencia se expondrán algunas de las necesarias opciones de futuro..


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José Luis Rubio Delgado

Valencia, España

José Luis Rubio, fue uno de los fundadores de la Sociedad Europea para la Conservación del Suelo (ESSC) y ha sido su presidente desde 1998 hasta 2011. Comenzó su carrera científica abordando el estudio de la dinámica de nutrientes en el suelo en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA, Valencia) centro adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Después de su doctorado (Universidad Politécnica de Valencia, 1976) fue galardonado con una beca postdoctoral del Banco Mundial para ampliar estudios en los EE. UU ( National Fertilizer Development Center, Tennesse Valley Authority). A su vuelta, introdujo... Ver más

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