Convivencia compasiva en la pareja
De 2 Horas a 4 Horas
Son espacios quincenales, de dos horas aproximadamente, en los que se propician experiencias entre los participantes que les permitan cuestionarse a sí mismos y obtener sus propias conclusiones. Se utiliza la metodología experiencial que busca que los aprendizajes y contenidos emerjan de los mismos participantes para construir conocimientos realmente significativos y aporten al cambio personal en la pareja. Para evitar que los hombres justifiquen sus acciones o culpen a las mujeres de ellas (pensamiento común en los hombres), es fundamental que se establezca un sentido de responsabilidad sobre las causas de esas violencias, sutiles o explícitas, en los hombres, y la reacción de las mujeres como forma de resistencia a ellas. Por lo tanto, las intervenciones de los acompañantes en los talleres están dirigidas a fomentar la responsabilidad, la auto-observación y la revisión de las violencias ejercidas por los hombres como la única forma en que asumen los conflictos en la pareja. Número de participantes: entre 12 y 25 personas.
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Mauricio Suárez
Mauricio Suárez
Silvania, ColombiaMi historia de vida determinó mi interés por la masculinidad: único hijo de un cuadripléjico, crecí con la idea de ser el hombre que él no podía ser. Estudié literatura y periodismo para aprender a contar historias de vida y soñaba con contar la mía. Buscando seguridad económica, trabajé como docente en colegios de élite en mi natal Bogotá, y allí comprendí la relación entre poder y masculinidad: la lógica de dominación patriarcal se alimenta de la violencia como única posibilidad expresiva de los hombres. Solo con la ira o el enojo expresamos nuestro sentir. ¿Un tanto limitado, no? Intenté el "éxito" con el estereotipo machista, ... Ver más
Mi historia de vida determinó mi interés por la masculinidad: único hijo de un cuadripléjico, crecí con la idea de ser el hombre que él no podía ser.
Estudié literatura y periodismo para aprender a contar historias de vida y soñaba con contar la mía.
Buscando seguridad económica, trabajé como docente en colegios de élite en mi natal Bogotá, y allí comprendí la relación entre poder y masculinidad: la lógica de dominación patriarcal se alimenta de la violencia como única posibilidad expresiva de los hombres. Solo con la ira o el enojo expresamos nuestro sentir. ¿Un tanto limitado, no?
Intenté el "éxito" con el estereotipo machista, pero a falta de obtener recursos compitiendo para llegar a proveer una familia, terminé siendo un simple mujeriego, sin responsabilidad ni límites ni respeto por mí mismo y por mis parejas.
A los cuarenta años, una cirugía de tiroides (con causas emocionales evidentes), me dejó con afectación de voz, y creí perder la característica que me permitía expresar mi "hombría". ¿Cómo podría ahora entrar en un salón de clase y hacerme respetar?
Recuperé mi voz interior en la escritura y comencé a reconocer que los mandatos sociales de la masculinidad tradicional habían determinado el tipo de hombre que yo había sido.
En esencia, ahora no me reconocía en la violencia, el poder y control sobre las parejas, la irresponsabilidad sexo-afectiva y el silencio para aliarse con los mecanismos de dominación de un género sobre otros. ¿Cómo podría cambiar algo que había aprendido y reproducido toda la vida?
Puse mi nueva voz y mi escritura al servicio.de ese propósito: comencé por nombrar lo que, por poder o conveniencia, la masculinidad calla. Escribí y publiqué "Machismo al desnudo. Del macho alfa al hombre alfalfa"
Creo que solamente si los hombres nos revelamos a seguir el juego de ese mecanismo, del que ni siquiera sabemos que somos parte, podremos algún día lograr relaciones en equidad.
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