El Pateador de Penaltis
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Muchas de nuestras heridas son por «penaltis» que pateamos convencidos de que íbamos a hacer un gol, pero que al final terminaron perdiéndose en la distancia. Esta conferencia habla de esos momentos en los que elegimos amar a quien no debíamos, irnos cuando quizás debíamos quedarnos, hablar cuando debimos callar —o callar cuando debimos hablar—. Decisiones hechas con la información, la madurez y el miedo que teníamos en ese instante, pero que hoy nos pesan como una condena. Utilizando historias poderosas, empáticas y profundamente humanas, esta charla acompaña al público a mirar su pasado sin crueldad, a entender quién era cuando eligió, y a descubrir que vivir sin arrepentimientos no significa no haberse equivocado, sino dejar de castigarse eternamente por haber sido humano. Porque no podemos cambiar la decisión, pero sí podemos dejar de usarla para torturarnos. A través de esas historias, de metáforas y de momentos de profunda identificación, esta charla invita a mirar de frente esos “balones” que la vida nos pone y que muchas veces no pateamos por miedo a fallar. No es una conferencia sobre el éxito. Es una conferencia sobre coraje emocional, responsabilidad personal y la libertad que nace cuando dejamos de vivir a medias.
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Martín Armenta
Martín Armenta
Bogotá, ColombiaDesde muy joven entendí que las historias tienen el poder de tocar lugares donde a veces ni nosotros mismos sabemos entrar. Durante años me dediqué a interpretar vidas ajenas y a escribir mundos posibles, pero siempre había algo que se repetía: las decisiones difíciles, las pérdidas, la culpa, el amor, el miedo; lo profundamente humano. Con el tiempo entendí que no solo me interesaba narrar historias, sino también abrir espacios donde las perso... Ver más
Desde muy joven entendí que las historias tienen el poder de tocar lugares donde a veces ni nosotros mismos sabemos entrar.
Durante años me dediqué a interpretar vidas ajenas y a escribir mundos posibles, pero siempre había algo que se repetía: las decisiones difíciles, las pérdidas, la culpa, el amor, el miedo; lo profundamente humano.
Con el tiempo entendí que no solo me interesaba narrar historias, sino también abrir espacios donde las personas pudieran mirar las suyas con menos dureza.
No llegué a las conferencias por un estudio de mercado. Llegué porque yo también he tenido que vivir con decisiones que dolieron. Porque sé lo que es irse, perder, equivocarse, cargar culpas durante años, y también sé lo que significa empezar a perdonarse. Pero, sobre todo, llegué porque después de alguna conversación sincera, en encuentros inesperados, muchas personas me dijeron que algo de lo que habíamos hablado se había quedado en ellas, y empezaron a invitarme a compartirlo con otros.
Fueron ellas —sus resonancias, sus preguntas, sus propias transformaciones— quienes me hicieron comprender que esto no era solo una experiencia personal, sino un camino que valía la pena ser compartido.
También soy Comunicador Social y Magíster en Literatura. Esa formación no me alejó de las emociones; al contrario, me dio herramientas para entender el poder de las historias, del lenguaje y de la palabra cuando toca lo que de verdad somos.
Con el tiempo comprendí que todo estaba conectado: la actuación, la escritura, la dirección y la manera en la que hoy me paro frente a un público. No se trata solo de hablar, sino de saber cómo nombrar lo que duele, lo que pesa y lo que, aun así, puede transformarse.
Por eso, cuando doy una conferencia, no hablo solo desde la experiencia personal, sino también desde la comprensión profunda de cómo las historias nos atraviesan, nos construyen y, muchas veces, nos salvan.
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